Viaje al mar

La excusa fue la media maratón de Mar del Plata. Pero el plan era mucho más grande que eso.  Quería volver a sentir esa conexión con el mar que siempre tuve y que sentía que estaba perdiendo. Como tenia un montón de días de vacaciones que debía tomarme casi obligatoriamente planifique ir a Valeria del Mar donde tengo casa y después a Mar del Plata, donde era la carrera y había un hospedaje que tenía muchas ganas de conocer por su estilo surfer y californiano. May, mi novia, estaba muy atareada con el trabajo y con el estudio, asi que no iba a poder acompañarme. Fue un viaje en solitario.

Valeria del Mar

 Valeria del Mar fuera de temporada es lo más parecido a un pueblo fantasma. Estábamos en la víspera de un fin de semana largo muy pegado al inicio de la temporada de verano, sin embargo la gran mayoría de los locales estaban cerrados. Fui a la playa y por momentos estaba tan solo que no veía a nadie en 100 metros a la redonda. Solo me dediqué a descansar, contemplar el mar y recuperar la energía que los días de oficina me habían quitado.

  Después de dos días tan solitarios como tranquilos me fui con el auto para Mar del Plata. Creo que en el tiempo que estuve en Valeria hablé con cuatro personas; con el playero de la estación de servicio hablamos del clima, con la chica que atendía en el mercado que me hizo un descuento en la verdura, con la chica que atendía en la casa de comidas y con mi vecino de 72 años que me contó que ya festejo sus bodas de oro y lo hizo con un viaje a Europa. Me alegré mucho por él.

Mar del Plata

 Hacía como 20 años que no iba a Mar del Plata. Es la ciudad costera más conocida, pero como mi familia tiene casa por Valeria y por Gesell nunca tuvimos la necesidad de visitar La Feliz. Es sin duda la ciudad balnearia más grande y más popular de Argentina. Los momentos más lindos para visitarla para mi son los meses anteriores y posteriores a la temporada de verano, cuando se puede disfrutar del mar y las calles no están tan plagadas de gente.

  Me hospedé en un hostel enfrente del Parque San Martín, un lugar bárbaro y con mucha onda del que ya les hablaré en un post aparte. La verdad es que ir a un hostel es como una caja de sorpresas porque no sabés bien con que tipo de personas te podés encontrar, ni siquiera como serán tus compañeros de habitación. Por suerte Tito y Jaime, dos de mis tres compañeros resultaron ser corredores también. Y a Hugo, el sociólogo que asistía a un congreso no lo traté mucho, pero parecía buena onda.

 Tenía planificado recorrer la ciudad que hacía mucho que no visitaba, asistir al Festival de Cine de Mar del Plata y encontrarme con unos amigos que vivían ahí en Mardel. No hice nada de eso. Los planes pueden cambiar, y como conocí gente en el hospedaje siempre había alguna actividad para hacer. Un asadito de bienvenida, una ida a Playa Grande, una fiesta inauguración en Chapa, una carrera, un cumpleaños de 30, unas tardes de mates contemplando atardeceres, unas mañanas de confesiones, unas noches de festejos… siempre hay un motivo por que brindar el sabor del encuentro. Y claro, la carrera, pero bueno, eso también lo contaré en un post aparte.

    Mar del Plata es una ciudad fantástica. Yo igualmente siento que conoci apenitas un poquito de toda su inmensa urbe. A veces cuando me siento cómodo en un lugar no tengo ni siento la necesidad de moverme y está bien que así sea.

  Lo mejor de este viaje, mas allá de la carrera y de los momentos de relajación frente al mar en Valeria del mar, fueron las personas que conocí en el hostel. No los voy a nombrar a todos porque de seguro me voy a olvidar de alguien y no me va a gustar. Me pasó muchas veces en años anteriores de conocer gente en los viajes, pero había perdido esas sensaciones. Con los años me volví más solitario al viajar solo, y al viajar en pareja uno no está tan obligado a conocer otras personas. Pero este viaje me hizo recordar las buenas sensaciones que despierta conocer gente nueva. Gracias a todos ellos por esos días en la costa frente al mar. Los recordaré.

Vuelta a Valeria

Mi plan viajero terminaba con un día (que fueron dos) de nuevo en Valeria, para no comerme el tráfico del fin de semana y para tratar de escribir cosas como las que estoy escribiendo ahora. Otra vez volví a la calma, otra vez volví a comunicarme con las tres mismas personas que antes (a mi vecino no lo vi), y otra vez volví a cambiar las multitudinarias playas de Playa Grande por las solitarias playas de Valeria del Mar. Mientras escribo esto pienso que mañana vuelvo a la ciudad. Anuncian 34 grados de máxima. Tal vez llegue un poquito más tarde asi no agarro tanto calor. Objetivos cumplidos cerca del mar.

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